"¡Si te niegas a disculparte, quédate aquí y Piensa en lo que hiciste! ¡Siente el mismo dolor que pasó Inés!"
Eduardo era el Alfa. Su amiga de la infancia se había quedado encerrada por accidente en una bodega durante tres días. Para castigarme, él me encerró en un congelador industrial supuestamente descompuesto. Me dejó solo con un pedazo de pan del tamaño de mi mano antes de echar llave e irse.
Lo que él no sabía era que el congelador sí funcionaba. Poco después de que se fue, el sistema de enfriamiento se encendió de golpe. Grité por ayuda y busqué desesperada una forma de sobrevivir. Por desgracia, sin importar cuánto arañé la puerta, nadie vino a rescatarme. Una semana después, él por fin apareció afuera del congelador esperando que yo le pidiera perdón. Pero cuando abrió la puerta, lo único que encontró fue mi cadáver congelado.