Nunca quise traicionar a mi esposo. Pero cuando huyes por tu vida y quedas atrapada entre tus dos hijastros prohibidos, uno con el cuerpo ardiendo como fuego y el otro con una oscuridad que te arrastra, resistirse se vuelve imposible.
A caballo, en una lancha sacudida por la tormenta y en un tren nocturno que no dejaba de traquetear, con Damián justo ahí... dejé que me tocaran. Dejé que me arruinaran. Y peor aún: empecé a quererlo. A necesitarlo.
Ahora estoy a solo kilómetros de estar a salvo, pero sé que ya estoy completamente perdida. Porque la mujer que llegue a esa casa segura ya no será la esposa leal de Damián. Será la puta sucia y dispuesta de sus hijastros.