Cada Día de las Bromas, Wilson Hale y Cloe Mercer convertían nuestro aniversario en una burla. Una propuesta falsa. Un anillo falso. Un salón lleno de risas. Y cada año, Wilson estaba seguro de que yo lo amaba demasiado como para irme. Este año, la crema del pastel me resbaló por la cara, mi anillo golpeó el piso de mármol y él aun así sonrió, como si fuera a perdonarlo al amanecer. Olvidó una cosa. Yo no era Viviana Gray, la chica sola sin adónde ir. Era Viviana Vescari, hija de la familia mafiosa más temida de la Costa Este. Había dejado ese mundo porque quería que me amaran antes de que alguien supiera mi nombre. Durante seis años, pensé que Wilson era ese hombre. Luego descubrí que hasta su primera confesión había sido una apuesta del Día de las Bromas. Así que dejé de ser la broma. Volví a casa.