Yolanda Muñoz fue obligada a casarse con Paulo Luján, un matrimonio sin amor que duró tres años. Cuando la verdadera heredera regresó, los Muñoz la presionaron para que se divorciara en el plazo de un mes. Al ver la libertad tan cerca, Yolanda se dejó llevar y comenzó a hacer lo que quería, sin darse cuenta de que Paulo, cautivado por su auténtica forma de ser, empezaría a enamorarse de ella sin poder evitarlo.