Catalina Guzmán, nieta del Canciller, creció siendo la hija mimada de su padre. Rodrigo Guzmán. Sin embargo, nunca imaginó que todo era una conspiración cuidadosamente planeada. Rodrigo mostraba afecto hacia Catalina y, en contraste, era severo con su media hermana. Catalina pensó que esa dureza era simple preferencia personal, pero en realidad estaba preparando a Yolanda para un gran futuro. Rodrigo se había beneficiado mucho del apoyo de la familia del canciller, pero una vez alcanzado el poder, no dudó en traicionarlos. Al renacer, Catalina nunca permitiría que la historia se repitiera.