La jefa mafiosa Luna reencarna en la vida de una pobre chica que fue empujada al infierno por quienes más amaba y que pagó por su hija adoptiva tras años en prisión. Al salir, sonríe mientras devuelve cada golpe, vuelca mesas, rompe copas y brinda como en un ritual para los muertos. Cada movimiento de su venganza es preciso y despiadado. Su guardaespaldas Fernando no es un simple protector, maneja la economía clave del sudeste del país. Frío y despiadado como magnate, se arrodilla ante ella, la defiende, aprende a peinarla, le prepara postres e incluso le alivia el dolor de las piernas con devoción. Cuando Luna revela su lado más letal y Fernando se convierte en un amante obsesivo, todos los hipócritas de la familia Castillo, Beatriz y Pedro, quienes la dañaron, caerán uno a uno en la red de venganza que ella tejió.