Maite regresó a la vida con una voluntad firme, castigó a los sirvientes corruptos y sometió a toda la familia Baro, sin perdonar a su hermano Raúl, quien la humilló, ni a Elisa, cuya traición fue descubierta y terminó en prisión. Con el Rey de Guerra Carlos Ortiz, Maite aplastó la conspiración de espías de Oesia, y juntos ascendieron al trono, gobernando el imperio como una legendaria pareja imperial.