

Emiliano, la voluntad de la Tierra hecha carne. Un prodigio con un don único. A los diez años alcanzó el increíble reino de Dios de la Guerra. Guiado por su destino, ayudó a la Federación de la Madre Benevolente a defender el Paso Cazademonios durante treinta años. Mató tantas bestias que nunca se atrevieron a atacar. Treinta años de paz. ¿Y la recompensa? La Federación y su gente creen que la paz vino de la bondad de los demonios. Que ellos también querían la armonía. Además, los líderes de la Federación le temen a su poder desbordante, lo ven como una amenaza insoportable y planean eliminarlo a toda costa.

Diego hereda una tiendita de abarrotes en ruinas y, cuando se endeuda para conseguir dinero con el que pagar el supuesto tratamiento de su novia, descubre durante el acoso de unos cobradores que la puerta trasera del local conecta con otros mundos. Su primer destino es un mundo postapocalíptico, donde intercambia comida por oro y joyas con una base de supervivientes, logrando así saldar sus deudas. Después, para cubrir la enorme demanda de suministros y medicinas de esa base, termina entrando por accidente al Reino Celestial, donde llega a un trato con la Doncella Celestial: manjares del mundo mortal a cambio de píldoras inmortales. Gracias a ese intercambio resuelve la escasez de medicamentos, pero también descubre que la riqueza obtenida en el apocalipsis está ligada a la supervivencia de la gente de ese mundo. A partir de ahí, vuelve con las píldoras inmortales, salva a la base y establece con ellos una relación comercial estable. Así arranca su ascenso como un revendedor entre mundos, usando la vieja tienda como centro de operaciones para mover mercancías entre varios universos y cambiar por completo su destino.