Hace diez mil años, el sello se rompió y León Cruz regresó a la decadente Secta de los Cielos. En vísperas del Gran Torneo de las Sectas, asumiendo la identidad de un discípulo común, logró revertir la desastrosa situación y, tras conseguir la victoria, lideró al grupo para atravesar el cerco de las fuerzas demoníacas, superando sus propios límites. Finalmente, invocó la Espada de los Cielos para exterminar a los demonios, ascendió y reafirmó su nombre como el ser supremo del continente.