Después de que mi hermana menor se fue al extranjero, me casé con el Don de la mafia en su lugar. Cinco años después de casarnos, nos convertimos en los peores enemigos. Él me odiaba por haber alejado a mi hermana y haber hecho todo para convertirme en su esposa. Yo lo odiaba porque siempre me trató como un reemplazo y jamás me reconoció ante los demás. Mi falta de estatus humillaba a mis padres, tan obsesionados con las apariencias, y desde entonces, su amor por mí se convirtió en odio.
Al final, él y mis padres me abandonaron en una montaña nevada mientras celebraban la Navidad con mi hermana. En medio del frío, morí junto al bebé que nunca pude conocer. Mientras tanto, mi hermana disfrutaba del amor de todos y vivía la Navidad más feliz de su vida.
Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que mi hermana volvió del extranjero. Esta vez, jamás volvería a rogarle a Gideon ni a mis padres que me quisieran.