

El inmortal Ángel Yáñez, de ochocientos años, bajó de la montaña para deshacer su tribulación sentimental y desposar a la primera belleza, Isabela Suárez. El día de la boda, impostores provocaron, familias nobles hostigaron y hasta el Rey Dragón retó, pero todos fueron sometidos con un gesto suyo. Ofreció como dote el elixir de la inmortalidad, prometiéndole compañía eterna. Sesenta años después, en un patio tranquilo, ambos conservaban su juventud, transformando la eternidad en una dulce cotidianidad.

El juego de cultivación inmortal se hizo realidad. Los humanos heredaron los poderes del juego: algunos alcanzaron la fase de fundación para partir montañas, otros la Formación del núcleo para surcar los cielos, y hubo quienes lograron el alma nascente para mover océanos. Así comenzó la era de la cultivación universal. Yo, Gael, tras diez años de noches en vela completando todas las mazmorras y superando el desafío final, me convertí en el número uno del servidor. Y así heredé el cultivo más poderoso: ¡El del emperador celestial!