

Blanca, una valiente general, es forzada a dejar su cargo tras ser herida en batalla. Aprovechando la situación, María, la esposa secundaria de su padre Esteban, la obliga a casarse con el enfermo Cristóbal de la familia Zárate, reservando al Príncipe León para su propia hija, Sofía. Pero el día de la boda, ambas suben por error al carruaje equivocado, Sofía termina con el enfermo, y Blanca termina casándose con el mismísimo príncipe.

Al entrar en la novela, Beatriz Herrera descubrió que era solo un personaje de relleno. El día de la boda, Alonso Cruz la abandonó para acompañar a su primer amor, Juana, convirtiéndola en la burla de todos. Luego, para convertir a Juana en su esposa, Alonso maltrató a Beatriz y la entregó a su escolta para humillarla, lo que la llevó al suicidio. Pero tras llegar a este mundo, Beatriz decidió casarse con el tío de Alonso, convirtiéndose en la tía de Alonso y Juana, y enseñándoles cómo comportarse. Juana era la famosa médica de Veldoria y decían que podía salvar vidas. Beatriz, delante de ella, salvó a un muerto que Juana no había podido curar, dejándola humillada. Cuando se reveló la verdadera identidad de Beatriz como Gran Médica Cruz, aplastó por completo a Juana.

Después de más de una década en el palacio, Ruyi Song finalmente recupera su libertad. Sin embargo, un solo vistazo del emperador y la envidia de la Consorte Noble Chun sellan su trágico destino. Su hermana, Zhiyi Song, la espera con ansias en la Puerta Shunzhen, pero lo único que recibe es su cadáver. Decidida a vengarla, entra en la corte, enfrentándose a traiciones y conspiraciones, hasta descubrir que la muerte de su hermana esconde un culpable aún más peligroso…

En su vida pasada, Camila Suárez confió en la persona equivocada. Su esposo Mateo de Lara y su concubina Daniela Soto la traicionaron juntos, causando desgracia para ella y su familia. Toda la familia Suárez fue exterminada. Al renacer, Camila regresó llena de rencor y determinación, jurando vengarse por lo sucedido en su vida anterior.

Isidora Montoya, renacida de sus cenizas, decidió abandonar el fatídico destino que la llevó a una muerte cruel en palacio en su vida pasada. En su lugar, se casó con Elías de la Cruz, a quien había rechazado antes. Con ingenio, ganó el cariño de la familia del marqués y hasta convirtió al regente en su más ferviente admirador. Cuando su vida por fin parecía encaminarse hacia la felicidad y la calma, el mismo emperador que en su vida anterior la humilló y condenó a muerte, apareció de nuevo obsesionado con ella.