canalla satisfecho con mi muerte

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Amor, no llores, ¡no quiero divorciarme de ti!

Amor, no llores, ¡no quiero divorciarme de ti!

"El morro universitario Flavio Fuentes, más limpio que el agua de garrafón, se despierta un día y ¡zas! resulta que ahora vive dentro del cuerpo del esposo de la súper empresaria millonaria Olivia Rosales. Él pensaba: “ah, pues chido, ya la hice… con la lana de mi esposa me tiro a la vida godín–VIP”. Pero no, compa. El Flavio original era un caso perdido: ludópata, ratero… ¡y todavía tuvo el descaro de meterse con Sabina Rosales, la cuñada! Cuando la muy “fresita-tóxica” de Sabina le tira veneno en la cara a Olivia, la presidenta por fin tronó y le aventó los papeles de divorcio sin temblarle la mano. Justo en ese momento crítico, Flavio reacciona: rompe el divorcio en mil pedazos y corre a Sabina de la casa como si fuera plaga. Mientras Olivia lo mira toda sacada de onda, Flavio le agarra la mano, sincero de verdad, y le suelta: “Amor, no llores… yo contigo no me divorcio ni loco.”"

La vida sin Luz.

La vida sin Luz.

Hace seis años——   Luz Soto era la hija caprichosa y mimada de una familia adinerada.   Sebastián Rivera era un joven talentoso e inocente de una familia humilde.   Seis años después——   Luz Soto es una humilde madre soltera que lucha por llegar a fin de mes.   Sebastián Rivera es una influyente figura que aparece en la Revista Forbes con una riqueza sin parangón.   Al volver a encontrarse, clavándole los ojos, le dijo: «Luz, gracias a ti me convertí en este Sebastián».   Luz levantó la cabeza para contener las lágrimas y, sonriendo sin miedo, contestó: «Entonces, deberías darme las gracias. Si no fuera por mí, ¡habrías seguido siendo un pobretón sin futuro!».   Después, Sebastián la arrinconó en una esquina y le dijo dolido y enojado: «Luz, ¿cómo te atreves a casarte con otro hombre y tener hijos?».   Más tarde, ella saltó hacia las profundidades del océano y dijo: «Sebastián, te pagaré con mi vida. Ya no te debo nada». A continuación, Sebastián se volvió loco buscándola. No podía ser alguien con una voz parecida, con una apariencia similar o con una personalidad semejante. Tenía que ser ella. Solo podía ser ella. Y dijo: «Luz, vuelve. Estoy dispuesto a tropezar con la misma piedra, pero, esta vez, puedes matarme si quieres».

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